El mes de la solidaridad

En 1994, durante el gobierno del presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle, se decretó el 18 de agosto como el día de la Solidaridad, en recuerdo al día en que murió el padre Hurtado, en 1952. Poco a poco, popularmente se fue extendiendo al reconocimiento de agosto como el mes de la Solidaridad. Mala noticia para el protagonismo de los gatos, una gran oportunidad para el país, y en particular para los católicos, el poder disponer de un mes al año, para que la Solidaridad, sea una idea central.

Es curioso lo que pasa en torno al concepto de la Solidaridad. Esta palabra usada corrientemente por el común de las personas, que sólo tiene asociadas ideas positivas y valores humanos superiores, no aparece en la Biblia, por lo tanto de seguro no fue usada por Jesucristo ni por los primeros cristianos, porque debe haber surgido mucho tiempo después.

Independientemente de las definiciones, de su raíz etimológica y de las múltiples interpretaciones del concepto “Solidaridad”, abarca algo profundamente humano, la esencia de las personas que tiene que ver con la capacidad de la propia renuncia por el bien, aunque mínimo, del otro. Solidaridad tiene que ver con gratuidad, con honesta generosidad, con renuncia alegre, con entrega, con una actitud y disposición amorosa.

Que acertado el vincular el día de la muerte del padre Hurtado con la Solidaridad, ya que más allá del sacerdote católico, fue un chileno que pensaba, hablaba y actuaba en clave de servicio. Forzando un poco el argumento, puede afirmarse que el padre Hurtado vivía “solidariamente”. Un hombre consecuente, y para ser consecuente es necesario ser valiente, y si a eso le sumamos su enamoramiento por Jesucristo, tal vez fue la fórmula de la santidad.

Nuestra sociedad chilena es cada vez más secular, menos necesitada de Dios, más autosuficiente en todo orden de cosas, más práctica, inmediatista, y autocentrada en el individuo. Así, con una red o tejido social cada vez más débil y subvalorado, hay poco espacio para la actitud solidaria.

Como sociedad tenemos actos solidarios muy puntuales, normalmente asociados con catástrofes naturales y con la donación de dinero a la campaña de la Teletón, lo cual no nos hace un país solidario. Una muestra es la discusión que se está dando sobre el destino del muy probable 5% extra de cotización previsional. El discurso público es el de fortalecer un sistema solidario, y al momento de la pregunta personal, una gran mayoría opina que vaya a la cuenta individual. Nos gusta que se “haga” solidaridad, pero no con lo mío.

La crisis que estamos viviendo a nivel de dirigentes políticos, líderes religiosos, empresariales, sindicales, en general con cualquier tipo de liderazgo, de seguro tiene que ver con la frustración y decepción al ser evidente la falta de coherencia entre lo dicho y lo hecho, lo cual también responde más a lo individual que a lo comunitario, con falta de gratuidad y generosidad. De nuevo, con falta de un actuar basado en el servicio.

Este mes es una oportunidad de conocer al chileno Alberto Hurtado, de motivarse con el santo y lo más importante, de generar una reflexión sobre nosotros mismos. Con todas nuestras fallas, debilidades e incoherencias, con todo nuestro tejado de vidrio, somos seres que estamos constituidos en el amor, lo que nos hace profundamente humanos y felices. La Solidaridad es un camino, con una palabra difícil de pronunciar pero muy intuitiva de comprender.

De nosotros depende. De usted y de mí.

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