El compromiso cristiano no es vertical, es horizontal y se hace con el otro

La hermana Nelly León viene de una familia sencilla y campesina de Colchagua, VI Región. Ha trabajado hace más de 17 años con presos y presas de Chile, vocación que descubrió cuando visitó en su etapa escolar la cárcel de Santa Cruz. “Yo voy a ser gendarme para trabajar por los presos” - se prometió en esa oportunidad. Siendo muy joven se inspiró en la historia de la fundadora de la Congregación del Buen Pastor, Santa María Eufrasia, consagrándose a Dios un 5 de abril de 1986. Aquí su testimonio donde nos cuenta parte de su historia y de su experiencia como Capellana del Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín.

“Trabajaba con unas niñas del hogar a quienes quería mucho, pero yo quería la cárcel”

A mediados de los 80’, las monjas del buen pastor tenían la administración de tres cárceles y yo quería que me mandaran a alguna de ellas pero no pasaba nada. Me mandaron a Copiapó, a Antofagasta y a San Felipe. Trabajaba con unas niñas del hogar, a quienes quería mucho, pero yo quería la cárcel. Pasó el tiempo, estudié y saqué mi carrera profesional, hasta que el año 99’ me mandaron a Valparaíso. Las hermanas estaban cerrando la cárcel y las mujeres estaban siendo trasladadas del complejo penitenciario de Valparaíso, por lo que me pidieron que abriera una casa de acogida para quienes salían y no tenían donde ir. Esa fue la primera misión concreta con mujeres de cárcel.

Me metí a trabajar a concho. Iba todos los días a estar con las mujeres y con los hombres. Fue una experiencia impresionante. En ese tiempo tenía mucho prejuicios con la gente presa: “los presos son malos, los presos son sinvergüenzas, ladrones, maltratan, violentan, trafican. Todo lo malo lo tienen los presos”. Puede ser verdad pero cuando uno conoce la historia que hay en cada hombre y cada mujer privada de libertad uno empieza a cambiar la perspectiva. Empecé a conocer una y otra historia.

 

“Llegué a la cárcel de San Joaquín, donde me dediqué a escuchar y a conversar”

Estuve 6 años en Valparaíso. Abrimos la casa con harto esfuerzo y con ayuda de mucha gente. Tuvimos a mujeres que salían, extranjeras que vivían ahí y después se iban a sus respectivos países y otras que volvían a la cárcel. Me trasladaron a Santiago y pedí seguir trabajando en cárcel, por lo que el 2005 llegué a la cárcel de San Joaquín. En ese tiempo habían 2.200 mujeres, estaban las imputadas y condenadas juntas por lo tanto el hacinamiento era horroroso. Eran cuatro literas hacia arriba, la última debía meterse en un sobre para poder dormir, más las que dormían en el suelo y en los baños con colchonetas.

Yo no uso hábito, por lo que las mujeres no sabían que era monja. Todo el 2005 y 2006 me dediqué a transitar por los patios y a escuchar como los gendarmes trataban a las mujeres. Si las mujeres le decían un garabato a una gendarme, ella le contestaba 10 veces más agresivamente. “¡Dónde estoy Dios mío! ¡qué puedo hacer yo aquí! ¡cómo puedo llegar al corazón de ambas mujeres!” – me preguntaba.  Había que trabajar con dos mundos que no son muy distintos, la diferencia la hace el uniforme. Me dediqué a escuchar y a conversar.

Veía mujeres que salían y volvían. Aquí vengo a anunciarles a Jesucristo -porque ese era mi desafío- y me dije “¡de qué Jesucristo voy a hablar a estas pobres mujeres!”. Qué buena noticia les puedo decir cuando ellas viven en la inmundicia: no tienen toallas higiénicas, ni jabón para bañarse, ni cama calentita. ¡De qué Dios les puedo hablar! Esa fue mi gran pregunta.

 

El 2008 inauguramos nuestra primera casa y el 2009 ya teníamos fundación: “Mujer Levántate”.

Un día por gracia de Dios, llegó un gran hombre a ver a una presa política, el padre Alfonso Baeza.  Le dije: “Padre tengo una gran inquietud, yo creo que nunca se va a mejorar el sistema penitenciario si no sumamos uno más uno y hacemos algo por esto. Padre, con toda su inocencia, yo quiero una casa de acogida para acoger a las mujeres que salen y no tienen dónde ir”. Entonces el padre me dijo que abramos una y yo le dije “¡ya!”. No teníamos ni un peso.

Una monja del Compañía María que hacía acompañamiento a las mujeres en la cárcel me cuenta, a la semana que yo hablara con el padre, que se irían de la casa en calle Canadá. Canadá está a 4 cuadras de la cárcel. Era una casa preciosa y cuando me dijo que la vendían supe que era la casa que buscaba. Fui a hablar con su Provinciala y le dije que me interesaba la casa pero que no tenía ni un peso. Como esta casa era de Dios estaba segura que iba a reunir la plata para comprarla. Llamé al padre y él me dijo que tenía 15 millones (la casa valía 45), “ya falta poquito”- decía. La Provinciala me dijo que no me preocupara y que no les diera nada. Fue súper generosa, sacó las camas y el oratorio y lo demás lo dejó todo.

En ese intertanto fuimos con el padre Baeza a La Moneda a hablar con la presidenta Bachelet, que no nos recibió, pero sí Peñailillo, el jefe de gabinete de la época. Le contamos (sin siquiera llevar un proyecto escrito) y a la semana siguiente nos donaron 50 millones. Compramos la casa al contado. Yo hablé con el Padre en junio 2008 y el 5 noviembre del mismo año estábamos inaugurando casa.

La inauguramos con una interna sudafricana y una de malasia, después empezaron a llegar otras. Teníamos casa pero no teníamos fundación para poder postular a proyectos. Empezamos a trabajar con el padre ayudados por Caritas Chile y creamos la fundación en el 2009: “Mujer levántate”, inspirados en el texto bíblico Talita Kum, cuando Jesús dice: “esta niña no está muerta está solo dormida”, la despierta, le grita fuerte y le dice a todos los presentes “denle ustedes de comer”. Esa fue nuestra invitación para decir que las mujeres en la cárcel no están muertas sino que solo dormidas, hay que moverlas, motivarlas y ayudarlas a levantarse y darles de comer y la comida que nosotros le tenemos que dar es la comida de la dignidad. Si una persona cae presa queda privada de libertad pero nunca de dignidad y en la cárcel ésta se pierde.

 

 “Teníamos hinchados nuestros corazones, no de orgullo sino de decir que esto es obra de Dios”

Empezamos a trabajar en el proyecto y con ese nombre precioso enganchamos gente y creamos un directorio. Han pasado desde 2009 alrededor de 500 mujeres por nuestro programa. Nosotros trabajamos con ellas desde que están entre 6 meses a un año de salir. Junto con sicólogos y trabajadores sociales trabajamos con la familia, en el contexto donde ella va a volver, y luego las acompañamos un año más afuera. De estas mujeres solo han reincidido el 4,5% versus el 45% que reincide cuando no tienen intervención. Ese dato lo hizo Gendarmería y cuando lo supimos dijimos que esto vale la pena, teníamos hinchados nuestros corazones, no de orgullo sino de decir que esto es obra de Dios y no de nosotros.

Rezando el evangelio de San Juan sobre la crucifixión de Jesús, cuando le dice Caifás más vale que uno solo muera por la unión del pueblo y no todo el pueblo, pensé en que nosotros tenemos que ir al sacrificio a morir con la camiseta puesta por nuestra iglesia de la cual somos parte. Pero morir por algo que valga la pena. Tenemos que defender y luchar por nuestra fe, por nuestra Iglesia, por nuestro compromiso. Yo trabajo como si me fuera a morir mañana y no me importa si el obispo sabe o no sabe, no me importa lo que esté diciendo o lo que los pastores estén diciendo. Me importa que yo esté dando vida a esas mujeres que la han perdido. Ese es el desafío. El compromiso cristiano no es vertical, el compromiso cristiano es horizontal y se hace con el otro. No basta ir a la Iglesia a golpearme el pecho y salir siendo la mejor cristiana cuando veo que afuera alguien se está muriendo de hambre. Los animo a darle sentido a su fe, a su compromiso.

Los invito cuando quieran ir a la cárcel a conocer esa experiencia que es maravillosa y transformante. Yo llevo 19 años trabajando en cárcel y espero estar ahí hasta el último día de mi vida. Siempre me digo que el día en que no me conmueva escuchando a una mujer o que me sea indiferente su situación, me voy a ir. Pero todavía me puedo sentar, consolar, acoger y llorar con ellas.

 

“Dios quiera que el pase de Laura por el patio Mandela y luego por la fundación pueda transformarle  su vida, para que ella cuando salga pueda tener un sueño”

Quiero terminar contándoles que el otro día en mi oficina atendí a una mujer del patio Mandela (nuestro patio), que fue a hablar conmigo porque se estaba portando muy mal. Entonces le dije “Laura, yo no sé mucho de ti, por qué no me contai tu historia para poder entender por qué te portas así”. Y me cuenta que su mamá es drogadicta desde antes que ella naciera, que la crió su abuelo que trabajaba en el diario La Nación. Ella lo tenía todo hasta los 13 años cuando murió su abuelo, quedando sin nada. Se fue a la calle y empezó a deambular y luego a robar. Primero en el supermercado por moda y segundo porque le gustó. Empezó a consumir droga y a caer presa en las casas del Sename. Sabía que hasta 1 utm no caía presa. Si se pasaba del monto, cuando calculaba mal, caía 5, 10 o 20 días y luego salía. Sumando todas las instancias, Laura ha caído presa 18 veces.

Tuvo 2 hijos en la calle que se los quitaron y los dieron en adopción (por lo tanto no sabe dónde están). Después de perderlos su vida dejó de tener sentido. Robaba y tenía plata. Se metió con un tipo de 18 años (ella tenía 35) y tuvieron una niñita. Él tenía sida y ahora ella está infectada de VIH. Su niñita nació milagrosamente sin la enfermedad, pero se la llevó la abuela paterna, por lo que  Laura nunca la ha visto. Y finalmente ella me cuenta que nunca ha sentido el calor de mamá, un día incluso le pagó a la suya, una mujer grande y seca como un palo por el exceso de droga que ha consumido en la vida, para que se acostara con ella, pero es su mamá.

Frente a este panorama no le puedo decir que se vaya del patio. Me paré, la abracé y me fui a llorar sola por ahí y la Laura se fue al patio. Ahí está feliz. Terminó el 8vo básico y ahora está haciendo I y II medio. Tiene un sueño. Dios quiera que el paso de la Laura por el patio Mandela y luego por la fundación pueda transformarle su vida, para que ella cuando salga pueda tener un sueño.

 

Imagen: Twitter.com-@FundMujerLevant

Hermana Nelly León

Hermana Nelly León

Religiosa del Buen Pastor y Capellana del Centro Penitenciario San Joaquín.

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